¿Eres un borrego del Sistema?

¿Eres un borrego del Sistema?

Practicando la virtud de la Firmeza ...

 

Es una mañana más en que Juan Carlos asiste a sus clases universitarias, han pasado ya dos semestres y nadie, nadie sabe que él profesa la fe cristiana. Es un buen chico, ayuda a sus padres, es un excelente amigo, pero tiene un punto requete flaco: carece de firmeza en su carácter.  

 

Él era de aquellos que en el colegio cedía a las presiones de sus amigos en cosas tan elementales como qué ropa usar para una cita y, claro, también a fumarse uno que otro cigarro a escondidas de sus padres para no ser visto como "el raro" en el grupo.

 

A menudo pedía perdón a Dios en la noche, se sentía mal al tiempo que le decía que lo comprendiera, que él era joven y se quería divertir.

 

De otro lado estaba Claudia, su compañera y vecina que también era cristiana. Apenas un par de años atrás había tenido un encuentro con Dios en un concierto de rock cristiano. Una canción le habló de no echar al tacho sus sueños y proyectos por una vida de desenfreno. Las lágrimas que derramó ese día no solo fueron emoción de un día.

 

Tras un encuentro cara a cara con Dios, descubrió lo realmente importante. Descubrió que estar en sintonía con el Creador tiene más de cien bendiciones. Ser amiga de Dios y no del sistema de presión, traía consigo de forma increíble una excelente autoestima y una buena con los demás.

 

La seguridad que se convertía en confianza, la confianza en proyectos, los proyectos en realidades. La diversión era un valor agregado que su propia actitud daba a cada momento.

 

Su amistad con Dios era demasiado buena como para andar negándola u ocultándola.

 

Para hablar de firmeza tendríamos mil ejemplos que relatar pero antes de saber si necesitas un poquito de ayuda en esta virtud que Cristo poseía entre sus mayores fortalezas, formúlate estas preguntas:

 

¿Te consideras una persona que no se deja influir por los demás?

¿Defiendes lo que consideras correcto?

Cuando te preguntan qué piensas o sientes, ¿Dices la verdad aunque no sea lo que quieren oír?

¿Acostumbras a poner límites a los demás haciéndoles saber a qué estás dispuesto y a que no?

¿Te dejas convencer cuando un grupo de compañeros te invita a hacer algo dañino?

 

De tus respuestas obtendrás un claro resultado a si eres una ovejita que sigue la corriente aunque ésta lleve al abismo, o si por el contrario eres una persona segura de sus convicciones, que ama a Dios y que practica lo que predica.

 

 

 

 

 

 

 

No confundas la pasividad con la anulación de la personalidad, como dicen por allí "hay que ser mansos pero no mensos".

 

Mira el ejemplo de Marcia, ella se sentía poco valiosa, se dejaba atropellar por todos sin saber cómo defenderse y se mostraba pasiva ante cualquier situación. Siempre reprimía sus ideas y sentimientos. Tampoco expresaba sus necesidades y deseos, procurando sólo dar gusto a los demás, por lo que a veces no sabía ni lo que ella misma quería.

 

Como no controlaba su propia vida, cada vez era más insegura. Esto le impedía tener un mayor desarrollo personal, lo cual se reflejaba en los pocos logros en el hogar y el trabajo.

 

La firmeza comienza por tener conciencia de que cada persona es un ser digno que merece respeto.

 

Por lo tanto, cuando Marcia creyó con todo su corazón que Dios podía devolverle la seguridad en ella misma tomó conciencia de su valor como persona, aprendió a pensar por sí misma; comenzó a expresar sus ideas, opiniones y talentos de una manera honesta, oportuna y respetuosa; mostró una actitud activa en cuanto a alcanzar sus objetivos, y demostró tener la fuerza suficiente para establecer límites y no permitir que otros la perjudicaran o influyeran en ella de un modo negativo.

 

 

¿Cómo practicar la firmeza?

 

 

1. Piensa por ti mismo (a) y haz lo correcto conforme a tus principios, valores y fe.

 

2. Di la verdad sobre lo que es justo. No permitas que otros te intimiden o lastimen y, de ser necesario, pide ayuda.

 

3. Fija límites en cuanto a lo que es correcto para ti. No debes permitir que otros te traten injustamente.

 

4. Expresa con honestidad y tacto tus ideas y sentimientos. Para ello necesitas práctica y la sabiduría que Dios mismo puede darte en aquel momento oportuno.

 

Redacción:

Chabeli Cevallos -  MISION REVOLUCION

 

Adaptado del libro. "Jóvenes en Crisis" de María del Carmen Bobadilla Hurtado